Nervios, muchos
nervios detrás del escenario antes de empezar la función. No son artistas
profesionales pero como si lo fueran. Dedican gran parte de su tiempo a ensayar
durante meses, preparan sus papeles concienzudamente esperando el día del estreno. Vestidos con los atuendos apropiados para los
personajes que interpretan, con un salón de actos abarrotado de público y con
aplausos entusiastas, empezaron la función.
El grupo de
teatro La Repanocha representó ayer en el centro cívico Zona Este de Valladolid
una obra titulada Las mil y una noches,
una historia de amor y desamor, un cuento mágico y fantasioso con
toques de
humor y picardía. La función sorprendió al público, que desde el primer
minuto mostró su interés y el cariño que le despertaba la
representación. Eran padres, hermanos o amigos de los actores, y su
presencia tranquilizaba a estos. No es el tipo de teatro al que el
público corriente está acostumbrado. Son personas con una discapacidad
intelectual. Ello no les impide hacer lo que más desean, una
representación teatral como esta, que estuvo repleta de encanto e
imaginación.
Algunos poseen
grandes dotes teatrales y así lo reflejan en sus actuaciones. Otros, sin
embargo, son más tímidos y tienen que esforzarse más y reunir la valentía
suficiente para subir al escenario y enfrentarse al público. En ambos casos
consiguen el mismo efecto, asombran totalmente a cada uno de los asistentes.
La
Repanocha culminó su obra de teatro como la empezó, repleta de aplausos
y vítores del público. Ninguno de los presentes olvidará un día como
el de ayer, todos están demasiado implicados como actores o como
admiradores.
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